La masacre de Tantura y el caso Katz

Mapa de Tantura durante el Mandato Británico, 1942

Hace poco dedicamos una entrada a la masacre que las milicias judías llevaron a cabo en la aldea palestina de Deir Yassin el 9 de abril de 1948 en su campaña de limpieza étnica de Palestina mediante el terror. Hoy hablaremos de otra matanza llevada a cabo en la aldea de Tantura.

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Foto de la población de Tantura antes de su destrucción a manos de milicias judías

Las circunstancias de ambas masacres son prácticamente idénticas, pero el tratamiento histórico que recibieron es diametralmente opuesto, y eso es lo que hace especialmente interesante el estudio de Tantura. La masacre de Deir Yassin jamás fue negada por Israel, ya que quedó perfectamente documentada por la Cruz Roja Internacional, mientras que Tantura, como sucedería con la mayoría de las matanzas, solo quedó en la memoria de los supervivientes palestinos (y, lógicamente, en la de los asesinos judíos). Nada raro: los asesinos vencieron, y los vencedores escriben la historia. En Israel y en todas partes.

A finales de los años noventa, un estudiante de historia de la Universidad de Haifa, Theodore Katz, comenzó a investigar los sucesos que rodearon la conquista israelí de los poblados aledaños a Haifa durante la limpieza étnica de 1948. En 1998 publicó una tesis doctoral en la que afirmaba que las milicias israelíes habían asesinado a alrededor de 250 palestinos desarmados en la aldea de Tantura. La mayor parte de la documentación presentada por Katz estaba basada en testimonios orales de supervivientes palestinos, pero también incluía testimonios de soldados israelíes reconociendo la masacre. El trabajo de Katz fue supervisado por el profesor Kais Firro, y fue aprobado con una nota de 9,7 sobre 10. De nuevo, nada raro. Hasta aquí, Israel parece realmente una democracia occidental.

Pues no: en junio de 2000, Katz fue entrevistado por Amir Gilat para el diario Maariv, y aquí sí empezaron a pasar cosas raras. Soldados veteranos de la brigada Alexandroni que habían participado en el ataque a Tantura, es decir, los asesinos, se querellaron contra Katz por, entre otras cosas, acusarles de perpetrar una masacre en su tesis. Curiosamente, la palabra “masacre” no aparece en la tesis de Katz, aunque sí en la entrevista.

Katz fue llevado a juicio, se le pidió una compensación por calumnias, y en medio de una presión insostenible, en una maniobra rocambolesca de la acusación, acabó firmando un documento en el que reconocía que lo que sucedió en Tantura no fue una masacre. Al parecer, la palabra en cuestión era el quid de la cuestión que los asesinos judíos de la brigada Alexandroni querían evitar.

Al reanudarse el juicio a la mañana siguiente, Katz intentó retractarse de lo firmado la noche anterior, aduciendo que había sido presionado hasta límites insoportables en un momento de debilidad. Su propia familia le recomendó retractarse ante su estado de salud psíquico durante el juicio.

La juez que llevaba el caso le negó la retractación. Katz apeló al Tribunal Supremo con el resultado que todos imagináis: la retractación tampoco fue aceptada. Katz pasaba así por un mentiroso y los asesinos de varios cientos de personas se presentaban como víctimas a los ojos de Israel. La maquinaria de propaganda estatal israelí había hecho su trabajo.

Podría pensarse que el mundo académico israelí reaccionó con indignación ante estos hechos: un historiador que presenta una tesis aprobada casi con un 10 por un equipo de profesores expertos es condenado por difamación. Pues tampoco, y quizá esto es lo que mejor define la anormalidad de la sociedad civil israelí: Katz no solo no fue apoyado por sus colegas, sino que su tesis fue anulada, y se le pidió que la revisase para corregir sus “errores”. ¿No es absurdo que la misma universidad que premia a un alumno con la excelencia por una tesis reniegue más tarde de ella? No en Israel.

El cúmulo de absurdos no acaba aquí: para revisar la tesis que Katz tenía que volver a presentar “corregida”, la Universidad de Haifa, si es que a estas alturas puede llamársele así, nombró a un comité de expertos secreto. Sí, secreto. Katz iba a someter su nueva tesis al escrutinio de cinco profesores desconocidos. Creo que ni en un consejo de guerra el reo tiene menos oportunidades de defenderse. Con toda lógica, la lógica sionista, la nueva tesis de Katz, presentada en 2002, fue rechazada por cinco expertos a los que nadie conocía. Tenéis una buena versión de todo esto aquí, en inglés.

Una honrosa excepción en este episodio de linchamiento: Ilan Pappé, profesor de historia de la Universidad de Haifa, revisó toda la documentación de Katz y concluyó que el estudiante tenía razón en su tesis. Fue el único que defendió el trabajo científico frente al linchamiento mediático del estudiante. Le costó caro. Lo cito literalmente:

Fui boicoteado en mi universidad y ha habido intentos de despedirme de mi trabajo. Estoy recibiendo llamadas telefónicas amenazantes cada día. […] Muchos israelíes creen que estoy trabajando como mercenario para los árabes”.

Pappé emigró a Reino Unido en 2007, incapaz de soportar la presión de sus propios “compañeros” de trabajo en Israel, y después de que el decano de la universidad le pidiera que dimitiese.

Y un caso vergonzoso: Benny Morris, también historiador israelí, fue uno de los que participó en el linchamiento de Katz, afirmando que su tesis no se sostenía debido a que la mayoría de documentación presentada consistía en testimonios orales. Hoy en día reconoce que la masacre de Tantura tuvo lugar, que en ella fueron asesinados probablemente más palestinos que los que el propio Katz sostenía y que se llevaron a cabo, por ejemplo, violaciones de mujeres palestinas durante la masacre. De todos modos, leyendo a Morris quizá se comprende por qué, diciendo lo que dice, hizo lo que hizo en el caso Katz:

[…] bajo ciertas condiciones, la expulsión no es un crimen de guerra. No pienso que las expulsiones de 1948 hayan sido crímenes de guerra. Uno no puede hacer una tortilla sin romper huevos. Hay que ensuciarse las manos.

Para todos aquellos que no ven positivo el boicot académico, bienvenidos a la universidad israelí.

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