Libertad de culto: solo para judíos

Judíos ortodoxos celebrando el Yom Kippur … a pedradas

Hace unos años, en Valencia coincidieron las fiestas falleras con las primeras procesiones de la Semana Santa. Esto trajo algún conflicto, ya que mientras las primeras son unas fiestas alegres, ruidosas y etílicas, la Semana Santa exige un cierto decoro y recogimiento acorde con la oscuridad propia de la iglesia católica.

Aquellos días en Valencia no pasaron de anecdóticos, fue incluso divertido ver procesiones solemnes con mascletaes y charangas de fondo, y tuvimos la suerte (o no) de que ninguna imagen sagrada acabara en las llamas como un ninot.

Hoy ocurre algo similar en Israel. Dos fiestas, una judía y otra musulmana, coinciden en el tiempo, una casualidad que jamás había ocurrido durante toda la existencia de Israel.

Por una parte tenemos el Yom Kipur, o el día de la expiación, una jornada de reflexión y arrepentimiento en la que todo prácticamente está prohibido para los judíos (incluido lavarse los dientes). El ambiente de esta fecha es notablemente triste e íntimo para los judíos.

Por el otro lado tenemos el Eid il Adha musulmán, la fiesta del sacrificio, la que se conoce como “navidad musulmana”. Una fiesta de grandes celebraciones y reuniones familiares, en la que las ciudades musulmanas se llenan de puestos de venta ambulantes y la gente sale a las calles.

El caso es que el ambiente de ambas celebraciones es manifiestamente opuesto. Pero pese a que Israel siempre clama su libertad de culto, cuando hay que elegir, se pone del lado de (sí, lo adivinaste) los judíos.

Durante el Yom Kippur, el espacio aéreo de Israel se cierra durante 36 horas. Se declara un estado de sitio en Cisjordania, cerrando los checkpoints entre Israel y Cisjordania, e impidiendo a miles de musulmanes ir a rezar a sus lugares más sagrados. Ortodoxos judíos de todo Israel y Territorios Ocupados (especialmente en Jerusalén y en Cisjordania) salen a las carreteras con piedras para asegurarse de que nadie coge un coche durante la celebración, con la absoluta permisividad de la policía y el ejército isrelíes. Es curioso, por cierto, constatar que la religión judía prohíbe desarrollar actividades tan inocuas como conducir o lavarse los dientes el día del Yom Kippur, pero permite apedrear gente.

En las ciudades sin amplia predominancia musulmana se obliga a cerrar a todos los comercios, aunque estén regidos por personas no judías. Se prohíbe a los musulmanes celebrar sus tradicionales barbacoas en los espacios públicos.

Y todo esto sucede en el país que presume de libertad de culto. Libertad que puedes ejercer si eres judío, se entiende.

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