Un gran triunfo para el Apartheid israelí: el Giro de Italia 2018 arranca en Jerusalén

El boicot israelí al deporte palestino

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Hace apenas nueve meses, en marzo de 2017, el ejército de Israel prohibía a 250 atletas palestinos residentes en Gaza trasladarse a otra ciudad palestina, Belén, para correr en la Maratón Internacional que se celebra en esa ciudad todos los años. Aducían motivos “de seguridad” no especificados. Se daba así la circunstancia de que, mientras cientos de corredores extranjeros competían en una maratón internacional palestina, los propios palestinos no podían hacerlo.

Lo mismo sucedió en la edición de la maratón del año anterior, en 2016. Y en la de 2014. Entre los inscritos en la maratón de aquel año figuraba Nader Al Masri, el mejor atleta palestino, corredor olímpico en los Juegos de 2008. Gisha, una organización de defensa de Derechos Humanos llevó el caso al Tribunal Supremo de Israel, que acabó denegando a 30 atletas, incluyendo a Al Masri, la posibilidad de competir en Belén. La jueza que instruyó la causa no explicó las razones de su decisón. En su sentencia se puede leer, simplemente, que no existe espacio legal para intervenir desde el momento en el que el ministerio de Defensa ha tomado esta decisión a discreción propia“.

La lista de arbitrariedades y humillaciones cotidianas que los deportistas palestinos sufren a manos de Israel es interminable. Solo en 2016 podemos leer en la prensa española, no muy prolija en este tema, que Israel impidió al jefe de la delegación palestina viajar a los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro con su equipo, dejó sin su equipaje deportivo a los propios atletas olímpicos palestinos, impidió la celebración de la final de la Liga palestina de Fútbol prohibiendo viajar a los jugadores y retuvo a los jugadores de la Selección Nacional Palestina de fútbol-playa que iban a competir en los V Juegos de Asia. Seguir leyendo

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Por qué Palestina sigue siendo la cuestión

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Originalmente publicado en Palestina en el corazón:
? Palestinas manifiestan ante el checkpoint de Qalandiya (entre Jerusalén y Ramala) la víspera del 8/3/15. (Anne Paq/Ahmad Al-Bazz). John Pilger* Cuando en la década de 1960, siendo un joven reportero, fui por primera vez…

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John Tengrove: boicot al PinkWashing israelí

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El término pinkwashing (literalmente, lavado rosa) hace referencia a un conjunto de tácticas dirigidas a usar la defensa de los derechos de la mujer y de la comunidad LGTB para ofrecer una imagen de modernidad y tolerancia. Es usado con frecuencia en el mundo occidental para encubrir malas prácticas empresariales (el ejemplo más relevante es la empresa Ausonia) o violaciones sistemáticas de los Derechos Humanos por parte de algunos gobiernos.

Un modelo paradigmático de pinkwashing es el llevado a cabo por el estado de Israel para desviar la atención sobre su política sistemática de discriminación, ocupación, colonización y apartheid contra la población palestina. La ciudad de Tel Aviv ha sido promocionada desde hace más de una década, con bastante éxito gracias a la enorme inversión de fondos públicos, como una de los principales destinos mundiales de turismo LGTB. El propio ejército israelí trata de suavizar su imagen mediante acciones propagandísticas como pintar sus aviones de caza de rosa (los mismos que bombardean hospitales y escuelas en Gaza) o elegir como modelo a una pareja homosexual de pilotos de guerra (los mismos que lanzan las bombas) para el Día de la Familia de la Fuerza Aérea Israelí.

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Uno de los símbolos más célebres de la promoción de Israel como país tolerante con la comunidad LGTB es el Festival de Cine de Tel Aviv (TLVFest), que este año se celebra entre los días 1 y 10 de junio. Su invitado estrella, el director sudafricano John Trengove, debía abrir la programación del festival con la proyección de su película The Wound. Una semana antes de que comenzara el festival, Trengove anunció su retirada del mismo siguiendo un llamamiento del movimiento de Boicot, Desinversiones y Sanciones a Israel (BDS). Tras su anuncio, cuatro personalidades que figuraban en el programa anunciaron también su retirada. La noticia cayó como una bomba en Israel. No os alarméis: esa bomba, al contrario de las que lanza Israel, no mató a nadie. Os dejamos una traducción del artículo que Haaretz, un diario israelí, publicó al respecto.

Mucho más interesante que el artículo, centrado en la versión de los organizadores del TLVFest, es el intercambio de cartas entre Trengove y los organizadores del festival. Su lectura es imprescindible para entender de primera mano los motivos de Trengove: además de su preocupación por el lavado rosa que pueda suponer el TLVFest, el festival está financiado por el gobierno israelí, uno de los principales motivos que figuran en las directrices del movimiento BDS para considerar boicoteable un producto o un evento. La decisión de Trengove está, pues, en plena sintonía con la esencia del BDS, inspirada en el boicot que contribuyó a la caída del apartheid sudafricano.

Os dejamos la traducción de las cartas. La fuente original en inglés, aquí.

Carta de John Trengove a los organizadores del TLVFest:

Querido Yair,

Tengo que informarle con sincero pesar que no voy a asistir a TLVFest la próxima semana. En los últimos días he sido contactado por organizaciones activistas, así como por miembros de la comunidad cinematográfica sudafricana, urgiéndome a respetar el boicot cultural contra Israel, y específicamente contra el TLVfest. Con el dolor de la lucha contra el apartheid todavía fresco en nuestra conciencia colectiva, la cuestión es, como usted puede imaginar, muy sensible para muchos sudafricanos.

El tema del pinkwashing también ha sido determinante para mí. Aunque aprecio que los organizadores de TLVFest sean bien intencionados y progresistas, es imposible mirar más allá del hecho de que el festival (y mi participación en él) podría servir como una desviación de las violaciones de derechos humanos cometidas por el estado de Israel.

Entiendo que he tomado la decisión muy tarde, y lo lamento sinceramente. Fue por ingenuidad, y por el deseo de que mi película y los temas humanos que promueve fuesen vistos tan ampliamente como sea posible, que acepté tu invitación hace varias semanas. Desafortunadamente, sabiendo lo que ahora sé, siento que es imperativo que retire de mi asistencia.

También entiendo que la película ya se ha vendido, no sólo para la proyección, sino también para la distribución israelí. Por tanto, acepto que es una situación que está fuera de mi alcance, aunque mi deseo es que la película no se muestre en Israel mientras persistan las condiciones actuales.

Espero que acepte mi decisión en el espíritu que se pretende, que no es un ataque personal contra usted o su equipo, sino motivado por la realización de aquello que convicciones profundamente personales y políticas requieren de mí.

Carta de Yotam Cytter en respuesta a John Trengove:

Querido John,

Mi nombre es Yotam y soy parte del equipo de TLVFest. Yair está en el Festival de Cine de Cannes y me pidió que respondiera a su correo en su nombre.

Siento oír que desea retirar su participación en el festival.

Soy muy consciente de la posición del BDS contra nosotros. También soy muy consciente del hecho de que nuestro festival no tiene prejuicios contra los cineastas palestinos. El festival no pretende lavar la cara o representar la política de ningún gobierno. Nos esforzamos por la igualdad y la tolerancia sin importar la orientación sexual, el género, la raza, o la opinión política.

El personal del festival se esfuerza mucho durante todo el año para proyectar películas LGBT fuera de Tel Aviv, y estaríamos más que dispuestos a proyectarlas en ciudades palestinas si esto hubiera sido posible.

Nuestro único objetivo como festival de cine es exponer al público israelí y palestino al contenido cinematográfico LGBT.

Nosotros, también, proyectamos películas sobre el tema. Nuestra película de apertura el año pasado fue Oriented, y este año tenemos jurados palestinos nacidos en Israel que prefieren ser presentados como palestinos. El festival ha recibido muchas críticas sobre la opción de abrir el festival el año pasado con una película que trata sobre personas LGBT palestinas.

Estamos buscando cada año películas sobre personas LGBT palestinas, hechas por palestinos, al igual que estamos buscando películas LGBT de otras minorías. Esto no quiere decir que nosotros, en el festival, pensemos que la situación de los palestinos sea de ninguna manera normal.

Aunque hemos escuchado que los líderes del BDS piensan que el arte no tiene poder para cambiar la realidad, creemos que el arte es la manera de cambiar la política de este lugar complicado en el que vivimos. Si el arte no tuviese ese gran poder para cambiar las opiniones de la gente no se generaría tal indignación sobre películas con contenido político.

La afirmación de que TLVFest está maquillandodo el sufrimiento del pueblo palestino ignora el contenido de las películas del festival. No negamos ser patrocinados parcialmente por el Ministerio de Cultura, pero ningún festival de cine internacional en Israel se puede celebrar sin su apoyo. A diferencia de otros países, es imposible hacer un festival sin el apoyo del gobierno.

También damos voz a nuestros huéspedes para expresar sus opiniones sobre la situación política entre los palestinos e israelíes y no nos cerramos a las voces críticas.

Con todo esto en mente, respetamos su decisión de no asistir al festival. Sin embargo, el programa del festival ya ha sido impreso, y no podemos retirar la película del festival.

En cuanto al billete de avión, Sonya se pondrá en contacto con usted sobre el precio del billete.

Le deseamos lo mejor y esperamos que en el futuro forme usted parte de nuestro festival.

Disfrute su estancia.

Respuesta de Trengove a la carta de Cytter:

Gracias Yotam.

Permítanme reiterar que no tengo ninguna duda de que su festival es progresista y de mente abierta. Sin embargo, he llegado al convencimiento de que mientras las circunstancias actuales en Israel prevalezcan, es necesario un boicot riguroso contra TODAS las iniciativas financiadas por el gobierno. Es, al menos, una manera de señalar a los israelíes que la comunidad internacional no puede pasar por alto lo que se está haciendo en su nombre. Como sudafricano, tengo experiencia de primera mano en entender cómo los boicots ayudaron a lograr una transformación democrática y por lo tanto he decidido añadir mi nombre y voz a la iniciativa de boicot a Israel.

Si no es mucho atrevimiento, ¿consideraría NO proyectar mi película el próximo jueves noche según lo anunciado en su programa y proyectar un mensaje de vídeo registrado por mí en su lugar? Esto, creo, enviaría un claro mensaje de que TLVFest está abierto a la protesta y no es un instrumento de pinkwashing como usted dice. Gracias por responder y esperamos tener pronto noticias suyas.

El tono empleado en este intercambio de cartas es muy comedido, incluso cordial. Parecía difícil esperar que tras esta demostración de respeto ante la opinión ajena por ambas partes, una de ellas lanzase un ataque mediático encarnizado contra la otra.

No os equivoquéis. En Israel no se deja pasar la oportunidad de criminalizar a quienes señalan con claridad la injusticia estructural de su política de apartheid, ya no digamos a quien decide actuar contra ella, aunque sea de la forma más pasiva que puede darse: no asistiendo a un evento.

La cordialidad de los representantes del TLVFest se acabó en el mismo momento en que entendieron que la decisión de Tengrove era firme. Las declaraciones de Yair Hochner, fundador y director del festival, tras fracasar en su intento de convencer a Tengrove de que no cancelase su asistencia, son meridianamente claras. En un solo párrafo, según Hochner ,Tengrove es violento, homófobo e irrelevante:

“No nos rendiremos a ninguna persona ni a ninguna organización que use la violencia contra un festival de cine que está luchando por su existencia sólo por ser un festival LGBT. Si Trengove hubiese asistido a la inauguración y presentado sus opiniones, lo admiraría mucho más. Somos conscientes de la presión sobre los artistas para que no vayan a Israel, y estoy feliz de que aquellos que son realmente famosos e importantes no se rindan a la violencia y asistan al festival “.

Es posible que Hochner se crea sus propias mentiras, y no estamos siendo sarcásticos. En Israel y en los Territorios Ocupados Palestinos, la normalidad es que el ciudadano judío medio, independientemente de su ideología, considere que la ocupación y el apartheid son problemas menores en los cuales nadie, y mucho menos un extranjero, debe inmiscuirse. Cualquier política activa contra la injusticia estructural que sufren los palestinos, incluyendo una acción tan pacífica como un boicot, es percibida como un ataque violento contra la identidad y la seguridad del estado de Israel. Pase lo que pase, el israelí siempre es la víctima. Y esa es quizá el principal problema que afronta la resolución del conflicto: la mayoría de la población israelí ha interiorizado la ocupación y el apartheid como algo normal.

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BDS: cancelaciones en el festival de cine LGBT de Tel Aviv

Esta entrada es una traducción de un artículo del diario israelí Haaretz.

Ola de cancelaciones en el festival de cine LGBT de Tel Aviv por la presión del BDS

Tras la retirada del director sudafricano John Trengove durante el fin de semana, otros invitados extranjeros se han retirado del evento que se desarrollará del 1 al 10 de junio

Itay Stern

29.05.2017 | 21:20

La presión del movimiento BDS que aboga por el boicot, desinversión y sanciones contra Israel, ha llevado al menos a cuatro invitados extranjeros a cancelar su asistencia al TLVFest, el Festival Internacional de Cine LGBT de Tel Aviv. El festival está programado desde el jueves 1 hasta el 10 de junio.

Tras el anuncio, el fin de semana pasado, del director sudafricano John Trengrove de que se retiraba en apoyo del boicot cultural a Israel, se han unido otros: el guionista y actor canadiense-paquistaní Fawzia Mirza, cuya película “Signature Move” será exhibida en el festival; Nadia Ibrahim, un palestino que vive en Dinamarca y que debía servir como miembro del jurado del festival e intervenir en un acto; y el actor suizo Jasna Fritzi Bauer.

Además, el escritor, director y actor Helene Hegemann dijo que no asistiría debido a un conflicto de agenda.

PinkWatching Israel, brazo del movimiento BDS, quiere promover un boicot cultural a Israel debido al llamado “pinkwashing” – mostrar tolerancia hacia la comunidad de lesbianas, gays, bisexuales y transexuales con el propósito de ocultar injusticias más graves. Hay varios posts en la página de Facebook del movimiento llamando a los invitados a abstenerse de asistir al festival, con la afirmación de que su participación contribuye a una normalización continua de Israel y la ocupación.

Haaretz ha recibido información según la cual el festival se ha visto gravemente dañado por la oleada de cancelaciones, ya que algunos de los invitados debían realizar talleres para los cuales el festival recibió patrocinios de entidades comerciales. Ahora, estos patrocinadores también están a punto de cancelar sus subvenciones al festival, que normalmente tiene problemas de presupuesto.

El director del festival, Yair Hochner, dijo que no fue la primera vez que se enfrentó a cancelaciones motivadas por motivos políticos, pero agregó que nunca ha visto una ola de dimensiones tan altas.

“Es muy dañino”, dijo. “Trabajamos duro para promover mensajes que el gobierno no promueve, y luego vienen y te dicen que eres parte de la política de opresión. Estamos tratando de hacer exactamente lo contrario. Esta decisión fue tomada por los invitados, continuaremos como de costumbre. “

Hochner señaló que Trengrove, cuya película, “The Wound”, está programada para abrir el festival y que fue el primero en cancelar, está en Israel después de recibir fondos del festival por su estancia.

“Hemos pagado una suma muy generosa por esta película y su agencia nunca nos la devolverá, así que la proyección no puede ser cancelada”, dijo, agregando que está llamando a la audiencia a acudir a ver la película.

“Creo que así como en Israel no boicoteamos películas de Ken Loach o Emma Thompson, que apoyan abiertamente al movimiento BDS, no hay razón para boicotear esta importante película, que cuenta una historia con la que no estamos familiarizados. En mi opinión, ese es el significado de un festival de cine – crear puentes y mostrar puntos de vista diferentes “.

Hochner dijo que le sugirió a Trengrove que asistiera al festival y se expresase en él. “Todavía no estamos en una dictadura. Quería que viniera y ofreciese el mensaje que quisiera, pero se negó. Decidió no tratarnos como personas amantes de la cultura que están interesadas en el diálogo “, dijo Hochner.

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Por qué un boicot académico a Israel

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El movimiento de Boicot, Desinversiones y Sanciones a Israel (BDS) ha suscitado en los últimos años una fuerte polémica entre quienes lo defienden y quienes lo denigran (y, más recientemente, tratan de criminalizarlo). Casi todo el mundo entiende el boicot comercial, el modelo más usado en todo el mundo para tratar de frenar determinadas injusticias. Nestlé, Coca-Cola, Nike y un sinfín de marcas comerciales han sido boicoteadas por su implicación en la violación de los Derechos Humanos.

Más difícil de entender es el boicot académico para quien no esté familiarizado con la vinculación de las universidades israelíes con el ejército. Aunque los detractores del BDS no se cansan de repetir que es un atentado a la libertad de expresión o de cátedra, o un obstáculo a la libre circulación del conocimiento científico, lo cierto es que las directrices PACBI que la sociedad civil palestina ha dictado para implementar un boicot académico justo y eficaz en su lucha contra la ocupación y el apartheid están bien claras para quien quiera molestarse en leerlas. Uno de sus principios es que “la mera pertenencia de académicos israelíes a una institución académica israelí no es motivo para aplicar el boicot.” Por ejemplo.

¿Por qué boicotear a una universidad israelí? Hay varias razones. Algunas universidades israelíes, como la de Ariel, están construidas en las colonias, en los Territorios Palestinos Ocupados. Miles de palestinos fueron expulsados de sus tierras por la fuerza para que miles de judíos israelíes puedan vivir su vida de colonos, étnica y culturalmente pura. Sus hijos, claro está, necesitan ir a la universidad. ¿Es una locura boicotearla? Preguntádselo a los cientos de profesores universitarios israelíes que en 2010 pidieron que no fuese reconocida oficialmente como universidad

Otras universidades israelíes son en realidad el brazo científico del ejército israelí. El profesor Isaac Ben Israel, Director del Programa de Estudios de Seguridad de la Universidad de Tel Aviv lo tiene claro, y presume de ello: “La I+D militar en Israel no existiría sin las universidades; ellas llevan a cabo las investigaciones científicas básicas que posteriormente son desarrolladas por la industria militar o por el ejército.

Muchos estudiantes y profesores universitarios israelíes ponen sus conocimientos científicos al servicio de una maquinaria de guerra que ha convertido la vida de millones de palestinos en una pesadilla desde hace décadas, y que exporta su tecnología militar a medio planeta, incluyendo a algunos de los regímenes dictatoriales más brutales del mundo. Los drones que asesinan a miles de palestinos en Gaza, los bulldozers blindados que arrasan viviendas, pozos y campos de cultivo palestinos para expandir las colonias, el equipamiento militar del Muro del Apartheid que implementa la segregación étnica de la población palestina en Cisjordania, y un largo etcétera de “avances” tecnológicos de aplicación militar proviene de las universidades israelíes. Un buen ejemplo es el instituto universitario Technion. La traducción del artículo  de Shimrit Lee, en la publicación 972Mag que os dejamos a continuación lo explica mejor de lo que nosotros podemos hacerlo: libertad académica al servicio de la violación sistemática de los Derechos Humanos. La fuente original en inglés, aquí.


Destacada universidad de Israel promociona la industria militar del país en todo el mundo

Un nuevo curso universitario en el Instituto Tecnológico Technion de Israel enseña a los estudiantes cómo publicitar y comercializar la industria militar de Israel a nivel global.

Por Shimrit Lee, para 972Mag.

Al contrario de lo que mucha gente cree, el complejo militar-industrial de Israel no se implementa solamente a través del gobierno y los fabricantes de armas israelíes. La universidad, una esfera vista a menudo como un bastión de la libertad de expresión, independiente de los intereses corporativos, desempeña un papel crucial, aunque menos visible, en el stablishment. Su complicidad con la violencia no debe ser ignorada.

Es por eso que el jueves por la tarde me uní a un pequeño grupo de activistas de la Coalición de Mujeres por la Paz en Tel Aviv para protestar por un nuevo programa organizado por el Instituto de Tecnología Technion-Israel de Haifa, la principal universidad de investigación de Israel, en el exterior de su campus en el barrio Sarona de la ciudad de Tel Aviv.

El programa de tres meses, titulado “Estrategia de Defensa para Mercados Internacionales“, se centra en cómo publicitar y comercializar la industria militar de Israel a nivel global. Esta es la segunda vez que el curso, diseñado para ejecutivos, abogados, consultores e investigadores en el campo de las exportaciones militares, está siendo ofrecido por el Technion. Los talleres se centraron en la reglamentación de las exportaciones, la guerra cibernética, la seguridad nacional, las estrategias de comunicación comercial y los estudios de casos de Sudáfrica y la India.

Cuando los asistentes pasaron por delante de la modesta manifestación, algunos se detuvieron con curiosidad para leer nuestras pancartas y preguntar por qué estábamos allí. Otros se mostraron más a la defensiva. Un hombre incluso nos amenazó con una pistola dentro de sus pantalones, mientras agitaba un puntero láser apuntando a nuestras caras y murmurando que nos “borraría”.

No pude dejar de notar la ironía en la elección de sus palabras, ya que el borrado – de vidas, de derechos y de la historia – era exactamente por lo que habíamos ido a protestar. La industria militar es la más importante en Israel, lo que significa que ha sido en gran medida inmune a las críticas. Sin embargo, recientemente ha sido objeto de un mayor escrutinio por su papel en la exportación de armas a regímenes represivos.

En enero, un grupo de abogados israelíes de derechos humanos presentó una petición urgente a la Corte Suprema de Israel pidiendo el fin de las exportaciones militares israelíes a Birmania, destacando la persecución sistemática en ese país de la minoría étnica rohingya, compuesta por 1,2 millones de personas. Eitay Mack, un abogado de derechos humanos con sede en Jerusalén que participó en la petición, inició una demanda para abrir investigaciones criminales contra funcionarios israelíes que participaron en acuerdos de armas con el brutal régimen dictatorial de Augusto Pinochet, responsable del asesinato, desaparición y torturas de decenas de miles de ciudadanos chilenos entre 1973 y 1990.

Israel también ha sido cómplice en el mantenimiento de los lazos comerciales y militares con las milicias de Sudán del Sur en la sangrienta guerra civil en curso, con el gobierno de Sudáfrica durante el apartheid y con el gobierno hutu mientras llevaba a cabo el genocidio contra la población tutsi de Ruanda.

Sin embargo, la complicidad de los académicos israelíes en estos y otros conflictos es poco visible. Es hora de que eso cambie, dice Shahaf Weisbein, de la Coalición. “La protesta intentó hacer más visible el militarismo en la universidad“, dice Shahaf. “A través de la universidad, la industria armamentista puede presentarse como promotora de avances tecnológicos y teóricos, desconectada de cualquier efecto violento sobre el terreno“.

En diciembre, Hamushim -un brazo de la Coalición que investiga la industria de seguridad de Israel- lanzó una campaña de Hannukah que incluyó ocho pequeñas acciones dirigidas a concienciar sobre el tema de la industria armamentística, que incluía una condena a la Liga Anti-Difamación [ADL] por financiar el entrenamiento de fuerzas de seguridad estadounidenses en Israel. Esta semana, el grupo lanzó una campaña de envío de cartas a Technion, exigiendo que la universidad cancelara el curso en el futuro y evitara “adentrarse en el militarismo dentro de la universidad“.

La estrategia de defensa para los mercados internacionales” puede ser un nuevo curso, dice Shahaf, pero esta no es la primera vez que el Technion se ha coordinado con la industria militar.

La universidad desarrolló el bulldozer Caterpillar D9, controlado a distancia, utilizado por el ejército israelí para demoler casas palestinas. Electro-Optics Research & Development (EORD), filial de la universidad, fabricó el “Scream“, un arma acústica que “crea niveles de sonido insoportables para los seres humanos a distancias de hasta 100 metros”. Este arma “no letal” de control de multitudes se utiliza principalmente para reprimir las manifestaciones no violentas en los territorios palestinos ocupados.

En 2013, Meir Shalit, director académico del curso Technion, se vio obligado a renunciar a su cargo como jefe de departamento de exportaciones del Ministerio de Defensa después de supervisar un envío de armas a Francia, que terminó en China, contraviniendo las regulaciones del comercio de armas de los Estados Unidos.

Lo más preocupante es, quizá, el estrecho vínculo de Technion con Elbit Systems, la compañía de armas y seguridad más importante de Israel, responsable del 85% de los drones utilizados por el ejército israelí, así como del sistema de vigilancia electrónica del muro de separación israelí en Cisjordania [declarado ilegal por el Tribunal de La Haya]. Según el investigador Shir Hever, el Instituto Technion de Haifa abrió un centro de investigación electroóptica con Elbit, y Technionentrena expresamente a los estudiantes para que trabajen en Elbit“.

En la izquierda israelí, a menudo se piensa en la resistencia al militarismo sólo en términos de rechazo a servir en el ejército. Pero Sahar Vardi, un activista antimilitarista, dice que la universidad es a menudo pasada por alto como un espacio efectivo para movilizar militarmente a estudiantes y profesores.

Este proyecto puede alimentar la discusión en torno al boicot académico de las instituciones israelíes cuando se introduce en el ámbito internacional“, dijo.

Al final de la protesta del jueves, el director del curso salió, claramente irritado, con dos policías a su lado. Sahar describió la confrontación que siguió como un éxito: “Organizar algún tipo de acción contra un ejemplo tan contundente de la complicidad universitaria servirá como una fuerza revitalizante para otras mayor acciones respecto a este tema“, dijo.


Shimrit Lee es doctorando en la Universidad de Nueva York, centrado en la visualización del militarismo y la mercantilización de la guerra en Israel/Palestina.

 

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Un ingenuo editorial de Haaretz sobre el BDS.

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A propósito de la nueva ley que el Parlamento israelí ha aprobado prohibiendo la entrada a Israel de activistas del movimiento internacional de Boicot, Desinversiones y Sanciones (BDS), el diario israelí Haaretz ha publicado hoy un editorial que puede parecer muy crítico a quienes no estén familiarizados con la realidad de la ocupación, la colonización y el régimen de apartheid que Israel impone a millones de palestinos, o con la ideología racista que impregna al gobierno,  a gran parte la opinión pública y a la práctica totalidad de los medios de comunicación israelíes. Por el contrario, el artículo peca, cuando menos, de ingenuo.

En primer lugar, el editorial habla de modo genérico de aquellos que “buscan la destrucción de Israel”, sin especificar quiénes son. Está imprecisión resulta difícil de entender en un artículo en el que ninguno de los actores nombrados (activistas del BDS, judíos de la diáspora que se oponen a la ocupación y funcionarios y políticos de las instituciones de la Unión Europea) ha abogado ni aboga por la destrucción de Israel. La ambigüedad parece destinada, por tanto, a dejar claro que la línea editorial del diario encaja con la solución de dos estados en contraposición a la de un estado binacional en la que judíos y palestinos convivan juntos en igualdad de derechos en un único territorio compartido.

En segundo lugar, el editorial aborda únicamente las dificultades a las que Israel puede enfrentarse con la aprobación de la ley, obviando los efectos que esta medida tendrá sobre los palestinos que malviven en los Territorios Ocupados. Los activistas a los que se prohibirá la entrada no suelen tener la más mínima intención de viajar a Israel; lo hacen para poder entrar a los Territorios Ocupados, cuya única vía de acceso es Israel. La ley impedirá que cientos de personas que trabajan, por ejemplo, en proyectos de cooperación con ONGs o instituciones oficiales en Palestina puedan seguir haciéndolo. Se trata, en definitiva, de aislar todavía más a la población palestina ocupada. Aunque Haaretz no se dé por enterado, la medida está pensada principalmente para mandar un mensaje bien claro a los palestinos: no podéis salir del gueto en el que os hemos encerrado y, a partir de ahora, solo vamos a dejar entrar a quienes no se muestren demasiado activos contra nuestra política de apartheid. Olvidaos, pues, de la solidaridad internacional efectiva.

Lo anterior no es una crítica al diario Haaretz, el único medio corporativo israelí que todavía critica abiertamente la ocupación y el apartheid. Lo anterior son tan solo dos ideas; os dejamos con la traducción del editorial para que os hagáis las vuestras. Podéis leer el original aquí.

La nueva prohibición de viajar a Israel: boicoteando la verdad.

La nueva ley favorece a quienes buscan la destrucción de Israel y penaliza a quienes apoyan su existencia, pero se oponen a la ocupación.

La Knesset (Parlamento Israelí) aprobó en segunda y tercera lecturas un proyecto de ley presentado por los diputados Bezalel Smotrich (Habayit Hayehudi) y Roy Folkman (Kulanu) que prohíbe las visas de entrada y residencia a los no israelíes que pidan un boicot económico, cultural o académico a Israel o a “un área bajo su control”, es decir, las colonias [Territorios Ocupados Palestinos].

La ley es otra muestra de la tendencia del gobierno nacionalista de derechas a convertir a Israel en un bastión contra cualquier persona que opte por oponerse a la política israelí actual mediante el uso de un instrumento legítimo de protesta no violenta en una sociedad democrática: el boicot.

A partir de ahora, la entrada a Israel estará prohibida a no israelíes o a personas sin visado de residencia permanente si ellos, o la organización o entidad a la que representen, “ha emitido de forma expresa un llamamiento público de boicot a Israel” o “se ha comprometido a participar en un boicot” de los productos producidos, por ejemplo, en las colonias. La prohibición se aplicará a menos que el ministro del Interior decida darle a esa persona una visa especial.

Por lo tanto, la coalición de Netanyahu continúa borrando intencionadamente los límites de 1967 [la frontera reconocida internacionalmente], obrando en realidad a favor de aquellos que buscan destruir completamente al estado soberano de Israel, y penalizando a los que apoyan su existencia, pero se oponen a la ocupación. Entre estos últimos hay muchos judíos de todo el mundo que trabajan por la existencia del Estado de Israel junto a un Estado palestino oponiéndose a las colonias. De ahora en adelante, de modo absurdo, estas personas también tendrán prohibida la entrada en Israel, que se define como el estado de todo el pueblo judío.

No sólo la relación con los judíos de la diáspora está en peligro a causa de la nueva ley; también lo están los lazos diplomáticos. En el debate de 2011 sobre la ley de boicot, el asesor legal del Ministerio de Relaciones Exteriores señaló, ante la posibilidad de negar la entrada a Israel a personas partidarias del boicot que “la ley podría dañar los lazos de Israel con la Unión Europea”.

De hecho, la UE y algunos de sus países miembros ahora diferencian entre Israel y los Territorios [Ocupados] en términos de financiación, marcado de productos e importaciones agrícolas. ¿Prohibirá ahora Israel la entrada a líderes y funcionarios de la UE? ¿Excluirá a los líderes de países que diferencian entre Israel y los Territorios?

El propósito de la ley no es proteger a Israel, sino proteger la colonización. Tiene la intención de dañar a los opositores al régimen y asustarlos mediante la confección de listas negras y la imposición de sanciones. Smotrich, uno de los redactores de la ley, explicó: “¿Qué dice esta ley después de todo? Una persona sana que ama a los que lo aman y odia a los que lo odian no pone la otra mejilla”. En este caso, Israel ha hecho exactamente lo contrario: ha abofeteado a los que lo aman y fortalecido a los que lo odian.

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¡No hables de la ocupación, antisemita! El linchamiento mediático del periodista Joan Cañete Bayle y un artículo de Amira Hass

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Soldados israelíes impiden a un palestino transitar por una calle segregada sólo para judíos en Hebrón, Territorio Ocupado Palestino. Fuente: vídeo.

Anteayer, domingo 8 de enero, Fadi Al Qanbar, un palestino de los territorios ocupados por Israel, arrolló en Jerusalén Este a un grupo de soldados israelíes con un camión, matando a 4 de ellos. El primer ministro israelí, Bejamin Netanyahu, se apresuró a equiparar el atentado a los que el Estado Islámico (ISIS) ha perpetrado de forma indiscriminada contra la población civil de Berlín y Niza.

Joan Cañete Bayle, responsable de opinión de El Periódico, publicó esa misma tarde un artículo en el que trataba de contextualizar el atentado en el entorno de las políticas de ocupación y colonización que los palestinos sufren a manos de Israel desde hace décadas. El linchamiento mediático por parte de los defensores de esas políticas no se hizo esperar. Podéis ver sus reacciones en la sección de comentarios del propio artículo: las acusaciones más suaves que recibe son la de justificar el atentado (algo que en ningún momento hace Bayle) y la de apología del terrorismo. Muchos le acusan lisa y llanamente de antisemitismo. No faltan los insultos: algunos le llaman “ser vil y deleznable” o “animal injustificable”. No faltan tampoco los comentarios islamófobos de todo tipo. También podéis, si tenéis la paciencia de leer los comentarios, encontrar un clásico del supremacismo judío basado en los textos religiosos: la ocupación no existe; los ocupantes son los propios “árabes”, desde Marruecos a Irak; Cisjordania (parte del territorio palestino ocupado por Israel) se llama Judea (¡leed la Biblia, herejes!) y Jerusalén fue fundada por el rey David. Toda esa tierra, por tanto, pertenece a los judíos.

Entre los comentaristas hay viejos conocidos españoles del sionismo militante, como Pilar Rahola o José Luis Saliquet

Mención aparte merecen los ataques en Twitter de personajes tan ilustres como el Encargado de Asuntos Políticos de la Embajada de Israel en España

Como siempre, son los que defienden el racismo (apartheid israelí) los que acusan de racismo (antisemitismo) a quienes osan denunciarlo.

Carmelo Jordá, redactor del periódico de extrema derecha Libertad Digital, le ha dedicado un artículo al artículo de Cañete Bayle, definiéndolo como “una columna tan indescriptible como repugnante”. ¿Metaperiodismo? No, es hasbará, propaganda proisraelí que pretende mostrar que la violencia en Israel-Palestina nada tiene que ver con la ocupación o la colonización.

Curiosamente, algunos periodistas judíos israelíes van bastante más allá que Cañete Bayle en sus críticas al gobierno israelí por tratar de desmarcar el atentado del contexto en el que se produce: la ocupación, la colonización y el apartheid israelíes. ¿Serán también ellos antisemitas?

Os dejamos la traducción de un ejemplo: la columna de Amira Hass en el diario israelí Haaretz:

Por qué el último atacante en Jesrusalén no fue disuadido

Fadi al-Qanbar conocía todas las consecuencias de sus acciones -lo había visto muchas veces antes- pero los palestinos ven las represalias israelíes como parte natural de la política general hacia ellas, no como una respuesta.

Por Amira Hass, para Haaretz

Tanto si Fadi al-Qanbar planeó el ataque del domingo en Jerusalén o si fue una decisión tomada sobre la marcha, sabía exactamente qué castigo colectivo estaba reservado para su familia.

Él sabía que su cuerpo no sería devuelto a la familia para el entierro – un golpe particularmente humillante y doloroso. Sabía que los familiares serían arrestados de inmediato y golpeados mientras permanecíesen detenidos. Que algunos podrían ser despedidos de sus trabajos en Jerusalén Occidental. Y que sus parientes femeninas sin tarjeta de identidad israelí casadas con residentes de Jerusalén podrían verse expulsadas de sus hogares y separadas de sus hijos. Sabía que durante meses, y tal vez años, su familia sería acosada por la policía y las autoridades estatales [israelíes]. También sabía que la casa de su familia sería demolida. Todo esto ha sucedido a otros atacantes palestinos de Jerusalén Este.

Sólamente en su vecindario de Jabal Mukkaber, en los últimos seis meses de 2015, Israel destruyó tres hogares y selló otros dos. Todos pertenecían a familias de terroristas. “Sellado” significa verter hormigón en el hogar hasta sólo unos pocos centímetros por debajo del techo.

Según Hamoked – el Centro para la Defensa del Individuo – entre julio de 2014 y finales de diciembre de 2016, Israel demolió 35 hogares palestinos y selló otros siete; de ellos, seis y cuatro, respectivamente, estaban en Jerusalén Este [Territorio Ocupado, fuera de las fronteras israelíes].

El hecho de que los padres, niños, abuelos, sobrinas y sobrinos que perdieron sus hogares no tuviesen nada que ver con el ataque es irrelevante. Israel y sus jueces de la Corte Suprema consideran que la demolición es un castigo legítimo y un medida disuasoria efectiva contra quienes llevan a cabo un ataque terrorista.

Además, Qanbar seguramente sabía que sus hijos no sólo sufrirían la pérdida de su padre, sino que se volverían violentos o retraídos, y si están en edad escolar, su rendimiento académico se vería afectado, al igual que su salud. Sin embargo, todas esas consideraciones no lo disuadieron.

La disuasión que falló

Analistas y políticos israelíes encontraron todo tipo de razones por las que la disuasión fracasó en el caso de Qanbar: inspiración del Estado Islámico; ataque sorpresivo; ser un ex prisionero (una afirmación aparentemente falsa hecha por Hamas que los israelíes se apresuraron a adoptar), y la incitación de la Autoridad Palestina debida al posible traslado de la Embajada de los Estados Unidos a Jerusalén. Como de costumbre, las razones esgrimidas son erróneas y están mal planteadas.

Un grupo de soldados uniformados no es una visión neutra para un palestino. Esa es la apariencia y la vestimenta de aquellos que irrumpen en decenas de hogares palestinos cada noche, los que disparan a mujeres y menores de edad en los puestos de control, los que llevan a cabo ataques militares en la Franja de Gaza y que acompañan a las fuerzas de la Administración Civil para destruir cisternas, baños portátiles, chabolas y tiendas de campaña. Que los israelíes hayan borrado estos hechos de su agenda no significa que no existan.

Los israelíes dirán sin duda que sin estas medidas de disuasión, el número de atacantes palestinos sería mayor. O lo contrario – que debería haber más represión-. Los palestinos, sin embargo, ven las represalias israelíes como una parte natural de la política general hacia ellos, no como una respuesta. Cuando Israel no está demoliendo casas palestinas como una medida punitiva, está creando destrucción al no permitir la construcción y el desarrollo. Cuando no está arrestando a la gente por ataques letales o supuestamente planeados, arresta a los niños para intentar ahogar la lucha popular. Con o sin ataques letales, expande las colonias, estrangula la economía palestina y proyecta expulsiones forzadas de palestinos de aldeas y hogares en Jerusalén.

Por lo tanto, las razones por las que estos ataques individuales y no organizados no se transforman en una sublevación más amplia no se encuentran en la capacidad inherente de Israel de causar un dolor cada vez mayor. Por mucho que Hamas intente difundir este ataque como prueba de que la “intifada de Jerusalén” no ha muerto, es evidente que el público [palestino] en general no está interesado en eso. A pesar de su dispersión geográfica y social, y de sus líderes débiles ocupados en luchas internas, es patente la madurez política del público palestino, que sabe que un levantamiento es inevitable pero que debe esperar un momento más apropiado.

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